Perro explorando en un rio

Grupos de razas

La importancia de entender qué necesidades tiene un perro por su genética antes de escogerlo como compañero

Adoptar o comprar un perro: no necesitas saber cómo son las más de 300 razas, pero sí es muy importante que entiendas esto

Cuando pensamos en adoptar o comprar un perro, muchas veces ponemos el foco en si es bueno, tranquilo o sociable. Otras veces, incluso, nos enamoramos de sus orejas, su mirada, su pelo... o sin saberlo nos dejamos influir por las modas.

Pero hay algo mucho más importante que a menudo pasamos por alto:

para qué ha sido seleccionado ese perro.

No es necesario conocer en detalle las más de 300 razas que existen.
Pero sí es clave entender que los perros no son “neutros”.

Han sido seleccionados durante generaciones para cumplir funciones muy concretas.

Los perros no son todos iguales (aunque a veces lo olvidemos)

A grandes rasgos, podemos agruparlos según la función para la que fueron criados:

  1. Perros de guarda del hombre
    Protegen a las personas y el territorio cercano.

  2. Perros de guarda del ganado (protección de rebaños)
    Defienden al ganado de amenazas externas, de forma autónoma.

  3. Perros de pastoreo (conductores de ganado)
    Mueven y controlan el rebaño en colaboración con el humano.


  4. Perros de caza por vista (lebreles)
    Detectan y persiguen presas usando principalmente la visión.

  5. Perros de caza por rastro (sabuesos)
    Siguen olores durante largos recorridos con gran perseverancia.

  6. Perros de muestra y cobro (perros de caza que trabajan con el guía)
    Localizan, señalan o recuperan piezas en estrecha cooperación con el humano.


  7. Perros de control de pequeñas presas (terriers)
    Buscan, persiguen y eliminan animales pequeños.

  8. Perros de presa (tipo bull)
    Sujetan con fuerza y mantienen la presa una vez alcanzada.


  9. Perros de compañía
    Seleccionados principalmente para convivir con las personas y favorecer el vínculo.


  10. Perros de tipo primitivo (no seleccionados artificialmente)
    Mantienen conductas más autónomas y menos moduladas por la selección humana.

Esto no son solo etiquetas. Ni se limitan a diferencias estéticas.

Significa que su cuerpo, su mente y su forma de relacionarse están optimizados para hacer determinadas cosas.

Conocer, aunque sea de forma general, cómo son estos grupos funcionales antes de adoptar o comprar un perro puede marcar una gran diferencia.

Nos orienta a la hora de tomar decisiones más ajustadas a nuestra realidad y facilita que nuestras expectativas, nuestro estilo de vida y las necesidades del perro encajen mejor.

Y ahí es donde empieza a construirse un binomio más equilibrado… y más fácil de sostener en el tiempo.

Lo que se les da bien… y lo que les cuesta

Cuando un perro está diseñado para una función:

  • hay conductas que le salen de forma natural

  • actividades que disfruta especialmente

  • necesidades que no desaparecen aunque cambie de entorno

Y, al mismo tiempo:

  • hay contextos que le resultan difíciles

  • situaciones que le generan frustración

  • formas de vida con las que no encaja bien

Esto también influye en cómo se relaciona contigo:

  • cuánto necesita cooperar

  • cuánta autonomía tiene

  • cómo gestiona el entorno


“Se adaptará” (no siempre es así)

Seguimos pensando que un perro puede adaptarse a cualquier forma de vida.

Y no es del todo cierto.

Algunos lo harán “por supervivencia”, pero eso no significa que estén bien.

Cuando sus impulsos naturales se ven frustrados de forma sostenida, es habitual que aparezcan la ansiedad, el estrés, la reactividad o los comportamientos compulsivos.

Un ejemplo: el pastor conductor

Un perro de pastoreo está diseñado para:

  • recorrer largas distancias

  • activarse con el movimiento

  • controlar lo que ocurre a su alrededor

  • explorar

  • colaborar con el humano

  • tener un alto nivel de energía

También suele tener un componente predatorio importante.

¿Qué implica esto en el día a día?

Que, de forma tendencial:

  • le costará pasar muchas horas solo en casa

  • necesitará actividad física y mental

  • puede desarrollar comportamientos neuróticos, repetitivos o compulsivos

  • puede desarrollar conductas que “molestan” si no puede expresar lo que necesita

Entonces, ¿qué tenemos que preguntarnos?

Más allá de si un perro “nos gusta”, la pregunta importante es:

¿encaja este perro con mi forma de vida?

  • ¿Cuánto tiempo tengo?

  • ¿Qué entorno y qué nivel de actividad le puedo ofrecer?

  • ¿Qué tipo de relación quiero construir?

  • ¿Qué cosas estoy dispuesto a sostener?

Adoptar también es entender

Adoptar no es solo dar una oportunidad.

También es asumir la responsabilidad de comprender a quién tenemos delante.

Porque cuando entendemos para qué ha sido “pensado” un perro, dejamos de exigirle que sea otra cosa…
y empezamos a acompañarlo mejor.

Y ahí es donde muchas cosas empiezan a cambiar.