Protectora
Colaboro con la protectora Perrikus Sierra Norte en la que hay, sobre todo, galgos. Perros nobles y sensibles, con una forma muy particular de estar en el mundo. Pero también hay algún beagle, mastines, border collie, spitz, pastores y varios mestizos.
Allí están bien cuidados, atendidos y a salvo. Pero la realidad es que, con pocos voluntarios y recursos limitados, no siempre es posible ofrecerles algo tan sencillo -y tan importante- como paseos fuera de sus instalaciones.
Por eso, cada vez que alguien llega, todo cambia.
Se alegran. Se activan. Esperan.
Y en cuanto salen, todo cobra sentido: cada olor, cada brizna de hierba, el aire en la cara, un charco en el camino… pequeñas cosas que para ellos lo son todo.
Dentro de ese acompañamiento, trabajo especialmente con perros con miedos, algunos de ellos marcados por experiencias difíciles con el ser humano. El objetivo no es “cambiar” nada de forma rápida, no es “educar”, sino ofrecerles un espacio donde puedan volver a sentirse seguros, poco a poco, a su ritmo.
También acompaño a algún perro que ha llegado a agredir. Perros a los que a veces llamamos “rotos”, aunque en realidad son historias que no siempre hemos sabido escuchar a tiempo. Quién sabe cuántas señales hubo antes de llegar hasta ahí…
Acompañarles es un ejercicio constante de paciencia, respeto y escucha.
Y, sobre todo, una forma de no olvidar que detrás de cada perro hay una historia que merece ser mirada con atención y cuidado.