El mundo entra por la nariz: olfato, emoción y cognición en el perro

El sistema olfativo constituye una de las principales vías mediante las cuales el perro conoce el mundo. A través del olor obtiene información, no solo sobre lo que hay a su alrededor, sino también sobre lo que ocurrió antes de su llegada.

Oler y olfatear no es lo mismo

Mientras que oler forma parte de la respiración ordinaria, olfatear implica un muestreo activo: una sucesión rápida de inspiraciones cortas (que puede alcanzar frecuencias de entre 4 y 7 Hz) que aumenta la llegada de moléculas a la región olfativa.

Fisiología del olfato

Su nariz no es un simple conducto por el que entra aire, sino que en su interior tiene una compleja estructura de pliegues óseos (los cornetes o turbinas nasales) recubiertos en parte por epitelio olfativo. Así se multiplica enormemente la superficie disponible para capturar moléculas.

Durante el olfateo, el aire se separa: un 12-13% se dirige específicamente desde las narinas a la región olfativa, donde las moléculas se depositan sin ser exhaladas inmediatamente. Después, los receptores transforman la señal química en actividad nerviosa que llega al bulbo y a otras regiones cerebrales.

El resto continúa hacia la faringe y los pulmones.

Al espirar, el aire sale por las rendijas laterales de la nariz, lo que crea corrientes que atraen nuevas moléculas de olor hacia las narinas.

Además, cada narina recoge información de manera parcialmente independiente. Al comparar la intensidad con la que un olor llega a ambos lados de la nariz, el perro puede obtener información sobre la localización del olor.

Es por eso que vemos con frecuencia que modifica su trayectoria mientras sigue un rastro. No está avanzando de forma errática, sino que está tomando muestras y comparando información.

Durante el jadeo, gran parte del aire circula por la boca. Esto puede interferir con el muestreo olfativo sostenido, aunque el perro puede alternar jadeo y breves episodios de olfateo.

Por otra parte, los perros tienen un órgano especial, el órgano vomeronasal, con el que detectan moléculas de baja volatilidad presentes en secreciones corporales y que participa especialmente en la conducta sexual y reproductiva.

Aspectos sociales del olfato

Hay indicios de que los perros pueden detectar estados emocionales en los humanos a través del sudor, como el miedo o la felicidad, lo que provoca en ellos respuestas fisiológicas y conductuales sincronizadas. Estas respuestas se han interpretado como una posible forma de contagio emocional.

Además, se ha demostrado que el olor de un humano familiar activa el núcleo caudado, un área asociada con el procesamiento de recompensas y expectativas positivas, lo que apunta a la importancia del olfato en el mantenimiento del vínculo afectivo.

Por otra parte, el olfato tiene un papel fundamental en la comunicación entre individuos de la misma especie a través de los marcajes olfativos. No todo lo que llamamos comunicación es un mensaje emitido de manera intencionada. Un perro no tiene por qué dejar una muestra con el propósito consciente de contar su estado emocional. Pero otro individuo puede utilizar la información disponible en ella. El entorno olfativo se parece así a una conversación extendida en el tiempo. Los participantes no necesitan coincidir físicamente para intercambiar información. De esta forma, un perro puede obtener información sobre si un marcaje fue dejado por un animal de su misma especie o de otra, su sexo, si es adulto o inmaduro, si está enfermo y, probablemente, pueda obtener también información sobre su estado emocional.

Hay una escena que observo con frecuencia en la protectora con la que colaboro. Siempre que regreso de pasear con uno de los perros, una perra de su grupo que tiene muchos miedos corre hacia él y lo olfatea de manera intensa y prolongada. Parece recabar información sobre lo que ha sucedido fuera: por dónde ha estado, con qué se ha encontrado y, muy posiblemente, en qué estado emocional regresa. Me encantaría saber qué datos obtiene y cómo los interpreta. No puedo evitar pensar que, para una perra que todavía no se atreve a salir, el cuerpo de su compañero funciona como una fuente de información sobre ese mundo exterior: si ha sido peligroso, estimulante o agradable. Antes de decidir si algún día podría querer explorar ese territorio, puede conocer algo de él a través del olor de quien ya ha estado allí. Y por la cara con la que nos mira cuando nos vamos, ¡creo que la información le está resultando apetecible!

Procesamiento olfativo y estados emocionales

En los humanos, los olores pueden evocar recuerdos y provocar respuestas emocionales intensas. En el perro, la información olfativa también alcanza estructuras cerebrales relacionadas con la memoria, la emoción, la motivación y la toma de decisiones. Esto hace plausible que los olores tengan un peso emocional especialmente importante en su experiencia, aunque todavía sabemos poco sobre el significado subjetivo que adquieren para él.

En educación canina y modificación de conducta se recurre con frecuencia a los trabajos de olfato como ayuda para perros con estrés, miedo, inseguridad, ansiedad o dificultades de regulación. Se argumenta que estos trabajos exigen concentración, toma de decisiones y autocontrol, y que pueden proporcionar una actividad satisfactoria y ajustada a sus capacidades naturales.

Si bien la investigación disponible es prometedora en este sentido, todavía es reducida y con resultados que no siempre coinciden.

Además, bajo la expresión “trabajo de olfato” agrupamos actividades bastante diferentes:

1. Detección de un olor objetivo

El perro aprende a buscar y señalar un aroma específico para obtener una recompensa. Es el modelo utilizado en detección profesional, deportiva y recreativa.

Estas tareas implican mucho más que sensibilidad olfativa: requieren aprendizaje, memoria, persistencia, inhibición de olores irrelevantes y toma de decisiones. Algunos estudios han encontrado una asociación entre la práctica de detección y mayores puntuaciones en persistencia o control inhibitorio. Sin embargo, la mayoría son observacionales y no permiten saber si la actividad desarrolló esas capacidades o si los perros que ya las poseían tenían más probabilidades de practicar y continuar en este deporte.

Un estudio reciente que midió la frecuencia cardiaca de perros durante una búsqueda encontró que esta era mayor que durante un paseo por una sala neutra. No aparecieron conductas claras de estrés ni cambios significativos en la variabilidad cardiaca. El trabajo olfativo produjo, por tanto, activación fisiológica, pero esa activación no puede clasificarse automáticamente como negativa.

Una actividad puede ser intensa, motivadora y agradable sin ser relajante mientras se realiza.

2. Búsqueda de alimento

Incluye encontrar comida escondida, dispersa en el suelo o colocada en alfombras y otros dispositivos de búsqueda.

En un pequeño estudio, veinte perros practicaron durante dos semanas una actividad diaria: la mitad realizó búsquedas olfativas de comida y la otra mitad ejercicios de caminar junto a su referente. Después de la intervención, los perros del grupo de búsqueda se acercaron más deprisa a una localización ambigua, un resultado interpretado como un sesgo de juicio más positivo o “mayor optimismo”.

Es un resultado interesante, pero no demuestra que el beneficio proceda exclusivamente del olfato. En las búsquedas, el perro podía explorar, elegir su estrategia y resolver el problema de manera relativamente autónoma. En el ejercicio de junto, debía mantener la atención sobre las indicaciones humanas. La diferencia puede encontrarse tanto en el uso de la nariz como en el margen de iniciativa que ofrecía cada actividad.

Además, un trabajo posterior que comparó clases de detección y de adiestramiento tradicional no encontró una mejora diferencial del sesgo de juicio en los perros de olfato, aunque sus familias sí percibieron una mayor mejoría en su calidad de vida.

3. Enriquecimiento ambiental olfativo

Consiste en introducir aromas en el entorno para despertar interés, favorecer la exploración o modificar la conducta. Se ha estudiado principalmente en perros alojados en protectoras y residencias.

Algunos olores se han asociado con cambios en el descanso, el movimiento o la vocalización. Pero los resultados varían según el aroma, la concentración, el individuo y el contexto. Que un perro se mueva menos tampoco demuestra necesariamente que esté más relajado.

Existe además una diferencia fundamental entre encontrar un olor que el perro puede explorar o abandonar y permanecer expuesto a un aroma que nosotros hemos introducido en un espacio del que no puede alejarse. Para que exista un verdadero enriquecimiento, debería conservar alguna posibilidad de elección.

¿Qué podemos sostener por ahora?

Con prudencia, podemos decir que las actividades olfativas:

  • ofrecen oportunidades de exploración y resolución de problemas;

  • pueden permitir al perro tomar decisiones con cierta independencia del humano;

  • se han asociado en algunos estudios con mayor persistencia y control inhibitorio;

  • pueden constituir una forma de enriquecimiento accesible para perros con limitaciones físicas;

  • pueden mejorar la calidad de vida percibida por sus familias;

  • producen activación fisiológica, que no debe confundirse automáticamente ni con estrés ni con relajación.

Lo que todavía no podemos afirmar es que:

  • diez minutos de olfato equivalgan a una hora de paseo;

  • olfatear “canse más” que el ejercicio de una forma cuantificable;

  • siempre reduzca el cortisol, la ansiedad o la activación;

  • mejore de manera demostrada la función cerebral a largo plazo;

  • sea terapéutico por sí solo para el miedo o la reactividad;

  • cualquier actividad olfativa resulte beneficiosa para cualquier perro.

Quizás el valor de una buena búsqueda no resida exclusivamente en activar el sistema olfativo, sino en permitir que el perro inicie, elija una estrategia, se equivoque, vuelva a probar y resuelva sin depender continuamente de nuestras indicaciones. En definitiva, en devolverle iniciativa y ofrecerle experiencias en las que sus propias decisiones producen resultados: una base plausible para favorecer su bienestar y su sensación de control sobre el entorno.

La nariz importa. Pero también importa cuánto espacio le dejamos al perro para utilizarla a su manera.

Bibliografía:

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Carlos Alfonso Lopez García. Los perros necesitan libertad. Dogalia, 2018

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